PAELLA DE ESPINACAS, BOQUERONES Y GALERAS

El domingo me quedé en casa. Porque sí. Porque quedarse en casa mola, porque quedarse en casa es revolucionario y porque hacía un solecito en mi riurau (sí, amigos, tengo uno; da envidia y lo sé) que era como para estarse allí haciendo la lagartija con un tercio bien frío en la mano, con los campos de vid delante, extendidos como miniaturas perfectas en un lienzo rojo, y una nube de esas blanca y panzuda que flota en el cielo como un pez. No sé si os pasa, pero cuando veo un paisaje así me entran ganas de darle un mordisco. También es verdad que soy muy de dar mordiscos. Tastaolletes para todo que decía la abuela Catalina.

Los domingos, también, pasa una cosa: si después de la lluvia salen los caracoles con los cuernos al sol, aquí a la que el sol quiere calentar, los caminos del valle se llenan de esforzados ciclistas que, vale, nunca ganarán un Tour, ni una París-Niza y siquiera una Pamis-La Xara, pero, ie, ¿y lo guapos que van con sus mallas de colorines? ¿Eso no cuenta o qué? El otro día daba un paseo con Rebeca y Marlon, el gato, (aunque técnicamente podríamos decir que el paseo del gato coincidió en tiempo y espacio con el nuestro; Marlon ni acompaña ni se deja acompañar por nadie, que dice que eso es de alienados y él es exactamente un individuo) cuando entre las vides pasó un grupo de cinco o seis ciclistas. Como solo se les veía la espalda y pasaban tan rápido y con tanto colorido, Rebeca, la pobre, preguntó: mamá, ¿qué animalito es ese?

No Rebeca no es boba; Rebeca tiene muy mala leche.

Y esto os lo cuento porque este domingo, cuando más a gusto estaba al sol, un grupo de ciclo-amigos de Laguar, sin ton ni son, me aparecen delante de casa y empiezan a tocar la campana de la puerta: Ieeeeeeee, Tastaolleteeeeeeeees, abreeeeee. ¿Resultado? Que les tuve que invitar a comer. Porque a un amigo no se le dice que no. Aunque haya pasado los 40, vaya con un maiot del Banesto modelo Perico Delgado1988, esté a punto del colapso pulmonar y se le marquen peligrosamente las ancas.

Como no tenía nada preparado, tocaba improvisar… y me marqué esta gloriosa paella de espinacas, coliflor, boquerón, caracoles de mar, hueva de sepia y galeras.

Ingredientes

1 kilo de espinacas
12 galeras llenas
1 kilo de boquerón
1 kilo de caracol de mar
½ kilo de hueva de sepia
1 coliflor grande
Caldo de pescado (cangrejo, pescado de roca, rape…)
6 tazas de arroz bomba
Sal
Aceite
Tomate
Ajo
Azafrán
Perejil

Preparación

Coges a tus amigos y los pones bien lejos de la zona de operaciones. Porque no querrás un concierto de: uy, yo ahora pondría esto… pues mi madre lo hacía así… y mi tía la del pueblo gastaba noséqué. No, claro que no queremos!! Así que los sientas al solecito, les sacas la botella de cazalla congelada y un puñado de cacahuetes y ellos ya se apañarán.

Y a sofreír; primero la coliflor troceada y las espinacas. Después la hueva de sepia. Solo marcarla para que no quede muy dura. Y cuando esté, añadimos el arroz junto con una picada de ajo, tomate, aceite y perejil y dejamos sofreír el grano durante un par de minutos…¡y ya está!

Después solo hace falta añadir el caldo de pescado que hemos preparado antes hirviendo los ingredientes (si hemos puesto 6 tazas de arroz bomba, gastaremos 18 tazas de caldo de pescado) y dejar que rompa a hervir.

Cuando esto pase es posible que algún vecino note el aroma y trate de saltar la cancela. No sufráis, los ciclo-amigos ya se habrán bebido media botella de cazalla y se encargarán de él.

Ahora añadís los boquerones (los lomos, bien limpios), las galeras y las mollas de los caracoles. Poneís azafrán y sal a vuestro gusto y en veinte minutos tendréis una paella barroca pero efectiva.

Ah, muy importante. No quería decirlo porque sé que sois gente de bien, pero por si a caso: no utilicéis nunca, ni bajo amenaza de muerte, una paella de seis para seis. Niet. Os quedará un arroz de un palmo de gordoo y eso deberían ser diez años de trabajos forzados en los arrabales de Minsk (Bielorrusia). Usad una, como mínimo, una talla más grande.

¡Y basta de charla! Tirad de cuchara, comeos las galeras con cuidado de no haceros daño (hay toda una teoría acerca de esto, de la que hablaremos otro día) ¡y que os guste mucho!

*La abuela Catalina era muy de decir cosas.