VALL DE GALLINERA

Cuenta en total con menos de 700 habitantes y está formada– de este a oeste– por: Benirrama, Benialí, Benissivà, Benitaia, La Carroja, Alpatró, Llombai i Benissili.

Aquí las lluvias son más frecuentes que en otras partes de la Marina Alta y por eso podemos disfrutar de su estampa natural típicamente verde, así como de las 18 fuentes naturales que se encuentran en la zona, algunas de ellas convertidas en lavaderos. Son las montañas y la naturaleza las que le dan su carácter a los diferentes pueblos de la Vall de Gallinera y la convierten en uno de los lugares más singulares y bellos de la Marina Alta. Al igual que el resto de valles, su principal atractivo es el entorno, la calma, los pequeños pueblos en los que no pasa el tiempo, la buena mesa y las actividades al aire libre.

La Vall de Gallinera, debe además parte de su personalidad a la herencia balear (150 familias mallorquinas llegadas a principios del S.XVII) que todavía es dable encontrarla en el acento o en la gastronomía.

La economía de la Vall de Gallinera se ha sustentado tradicionalmente en la agricultura, sobre todo en el cultivo de cerezas; producto con Indicación Geográfica Protegida. Pero también olivos, almendros, algarrobos y naranjos. Además se puede seguir la huella de los abancalamientos tradicionales: muros de piedra construidos a mano en el terreno que se le ganaba a la montaña para el cultivo. Estos abancalamientos forman una constante en el paisaje de la Marina Alta. Estas actividades, sin embargo han ido abriendo paso al sector turístico. Eso sí, un turismo muy particular, en el que no se conciben las aglomeraciones ni los productos de masas y sí una oferta pequeña pero excelente en lo que se refiere a restauración y alojamiento.

Además del atractivo de los núcleos urbanos (donde el mayor es Benialí, sede del Ayuntamiento y de la mayor parte de los servicios), se pueden visitar el castillo de Benirrama y el castillo de Benissili, que guardaban las entradas y salidas de la Vall de Gallinera en los tiempos de Al-Azraq (el azul).

Del espectáculo que ofrece la naturaleza destaca la alineación de la Penya Foradà, un fenómeno que cada año alinea el sol con el convento franciscano de Benitaia a través de un agujero natural de la montaña. Este fenómeno se da el día de San Francisco de Asís, el 4 de octubre, y se remonta a 1611. Asimismo, el entorno ofrece numerosas posibilidades de rutas de senderismo, como la de la Peña Foradada, la del Arte Rupestre, la de la cueva del Llimener o la de la Balsa de Benirrama.

De la gastronomía de la Vall de Gallinera destacan guisos típicamente de interior como el arroz caldoso con conejo y caracoles, el “arròs amb fesols i naps”, el puchero, los “minxos” o los guisos de caza (por ejemplo el de jabalí). Y por descontado ¡¡cerezas!!

Las fiestas patronales se celebran entre julio y agosto en los diferentes pueblos de la Vall de Gallinera. 

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