ERIZOS

El erizo de mar es un equinodermo que vive en las zonas rocosas de la costa, se puede encontrar a poca profundidad y tiene el aspecto de una esfera rodeada de púas. Puede presentar diferentes colores: rojo, verde, violeta, negro…

Su pesca en la Marina Alta está muy arraigada, sobre todo en su versión más tradicional: con asta. Este arte de pesca consiste en una vara con una longitud que puede variar entre los treinta centímetros y los dos metros de largo. El palo está rematado en un extremo por una especie de horca de dos puntas que es con la que se separa el erizo de la roca. Su uso, pese a parecer sencillo, requiere práctica. Este arte se puede practicar desde embarcación o a pie desde el mar.

Para recoger erizos, recordad que está prohibida la inmersión total, ya que esta práctica indiscriminada hirió gravemente la especie hace unos años. También está totalmente prohibida su recolección fuera de temporada y las multas pueden ser cuantiosas. Lamentablemente la imagen de los furtivos llenando capazos de este extraordinario fruto de nuestro mar no es extraña. En este caso apelamos a vuestra responsabilidad: no compréis erizos si no os pueden garantizar su procedencia.

Si queréis cogerlos vosotros mismos, los meses de diciembre, enero y febrero son los indicados. Los encontraréis en las playas de roca, a poca profundidad. Como la temperatura del agua puede ser muy baja, lo mejor es tratar de recolectarlos desde una embarcación con poco calado o desde una zona en la que no os tengáis que mojar demasiado… o que utilicéis ropa especial. Si no tenéis asta, un salabre puede servir. O cualquier herramienta para separarlos de la piedra sin romperlos. Eso sí, recordad que lo que hace única la experiencia es el hecho de estar en contacto con nuestro mar, de sumergirse en una tradición milenaria, de disfrutar de la observación del fondo marino… y no el número. No cojáis más de los necesarios. Pensad que es responsabilidad de todos que podamos seguir disfrutándolos por muchos años.

Para saborearlos hace falta muy poco: abridlos por la mitad con unas tijeras y con cuidado de no romperlos demasiado. Limpiadlos con agua de mar hasta que pierdan todas las impurezas y solo queden los corales, mojados y relucientes como una delicada joya dentro de una cajita. Y ya está… con pan o directamente con una cuchara probadlos y os estaréis llevando a la boca un trocito de todo el Mediterráneo.