LA COVA TALLADA

Si preguntas en Dénia dónde está la Cova Tallada te dirán que es suya. Si preguntas en Xàbia te dirán que de eso nada y argumentarán coordenadas en mano que les pertenece. Y si nos preguntas a nosotros… esto, un momento… (murmullos del consejo de redacción)…, te diremos que no te preocupes por eso; que la disfrutes.

La Cova Tallada es uno de los puntos más espectaculares y reconocidos de nuestra costa. Se trata de una enorme cueva al nivel de mar que presenta tres partes: una apenas cubierta de agua que se abre al mar, otra seca en la que conviven suelos de tosca con roca y piedra suelta y una tercera que, en elevación, se introduce varias decenas de metros en el corazón de la montaña por un camino alfombrado de arena fruto de la erosión de la tosca. En esta tercera parte, que es una especie de “cueva dentro de la cueva” hay que utilizar linternas. En su interior se encuentran pequeñas balsas de agua de filtración y se puede seguir en las paredes la marca de las herramientas con las que se extrajo la tosca, una característica formación mineral de tonos dorados y rojizos, porosa, que se empleó tanto en la construcción del castillo árabe de Dénia como en la iglesia fortaleza San Bartolomé de Xàbia, así como en diferentes construcciones privadas. A día de hoy el uso de esta piedra en elementos decorativos como ventanas, puertas y pilares se ha convertido en una marca de tradición e identidad de La Marina.

La parte de la cueva abierta al mar ofrece una de las imágenes más espectaculares de todo el litoral mediterráneo: el sol entra por la cara este y se filtra entre grandes pilares de piedra para reflejarse en la tranquila balsa interior hasta dar el aspecto de una especie de catedral de la naturaleza en penumbra. Este lugar ya fue el evocador escenario del romance entre Jordi Mollà i Leonor Watling en Son de Mar. También hay quien dice que allí apareció un tanque a finales de la II Guerra Mundial. No lo sabemos, pero en fin: se non è vero, è ben trovato.

Es practicable para el baño y el lugar de entrada de piraguas y kayaks, sobre todo en verano.

La parte seca de la cueva, en la que la naturaleza ha jugado hasta dar formas caprichosas a la piedra, que se retuerce al sol formando arcos, pasarelas y grandes placas planas ofrece un lugar estupendo para descansar, almorzar o, simplemente, quedarse en silencio y admirar el conjunto.

Se puede llegar a pie o desde el mar. Si lo vas a hacer desde el mar, recuerda que estás en una reserva marina y que no deberías entrar a motor. Además el calado es muy poco y embarcaciones de quilla profunda se pueden ver en problemas.

A pie, puedes llegar desde Xàbia o desde Dénia. Para ir desde Xàbia, sube hasta la Plana de Sant Jeroni. En la propia carretera, pasado el restaurante Amanecer, al cabo de 150 metros se abre una senda de tierra. A partir de ahí basta con seguir las marcas que encontrarás en piedras y postes. Es sencillo y está bien indicado. Hay una primera fase que transcurre entre pinos y matorrales. Aquí ya se puede observar la característica tierra roja de la zona así como un paisaje típicamente mediterráneo y prácticamente virgen. Para los amantes de la naturaleza es fácil encontrar gran variedad de plantas y arbustos, así como pequeña fauna autóctona. Además desde aquí se tiene una vista única del Montgó, una visión que no ha cambiado en siglos ya que no se ve ninguna construcción. Solo la montaña y el mar al fondo.

La segunda parte de la bajada tiene su miga. Es fácil, pero hay que tomar ciertas precauciones como llevar calzado adecuado y no bajar en chanclas. Por cierto que el pórtico a esta segunda parte es el conocido como Passet del Flare, un pronunciado escalón de piedra en el que, cuenta la tradición, un fraile del convento de Sant Jeroni despeñó a sus captores berberiscos en el siglo XIV.

La bajada se hace por el cauce de un pequeño barranco y en algunos tramos hay que ayudarse de las manos para bajar. Nada que cueste demasiado ni que no valga la pena.

Al final, se alcanza la cueva por el techo. Es preferible, sin embargo, acceder a ella por el lado norte, bordeando la costa. Es una experiencia fantástica entrar a la cueva mientras el mar rompe en nuestros pies y nos agarramos a la roca, entre lapas y pequeños moluscos.

Para llegar desde Dénia se puede ir en coche hasta el final de la playa de las Rotas. Antes de la última rotonda se tiene que coger la penúltima entrada a la derecha que sube unos metros hasta una urbanización. Se apara allí y se sigue el camino a pie. Está bien señalizado y no tiene pérdida.

La primera etapa llega hasta la Torre de Gerro, una torre vigía del siglo XVI en la que todavía se puede admirar el escudo de Carlos I. En ese punto, frente al viajero ya se abre toda la inmensidad azul del Mediterráneo punteado por el blanco de las pequeñas embarcaciones recreativas que hacen esa ruta para pescar o disfrutar de la navegación. Hacia el este, en los días claros se ve perfectamente el perfil de Formentera.

A partir de la Torre del Gerro, la senda baja a la cueva un tramo por una escalera de piedra y otro por un estrecho camino que se va acercando al mar hasta llegar a la marca de la Cova Tallada.

Vayáis por donde vayáis lo que es seguro que nunca olvidaréis esta ruta mediterránea.