LONJA DE XÀBIA

En Xàbia todavía se puede disfrutar de una lonja de pescado que mantiene todo su sabor y su autenticidad.Se trata de un edificio enclavado en la explanada del espigón sur, justo frente al lugar de atraque de las grandes barcas de pesca, tanto las de los marineros de Xàbia, como las que vienen del resto de puertos del Mediterráneo para las campañas de pescado azul.

A su entrada, por si el visitante quiere hacer algo de tiempo antes de que se descargue el género, se encuentra uno de los bares más característicos del puerto de Xàbia y, sin miedo a exagerar, de toda la costa. La Cantina del Puerto – junto con su gemelo de la plaza Almirante Bastarreche, Ca Tomaca – es el lugar donde comer un pescado fresco, un guiso de pulpo con pencas o una fideuà de bandera mientras se huele el mar y se escucha la canción de las maromas y los mástiles de los barcos. Pocas experiencias son más gratificantes que echarse una cerveza bien fría por la garganta mientras el sol se refleja en el agua y los gatos y las gaviotas discuten su supremacía entre las redes en una estudiada coreografía portuaria.

Luego, dentro de la lonja, empieza la fiesta.

Cada tarde, a eso de las cinco, vuelven las barcas y distribuyen las capturas del día en cajas que se subastarán entre profesionales y restauradores. El visitante no podrá pujar, pero sí asistir a un rito del que solo se ha modernizado la parte tecnológica del asunto. La esencia es la misma.

Por la cinta mecánica desfilan cajas de calamares, gambas, pulpos, cabrachos, doradas… o cualquier cosa que el mar haya querido dar en su generosidad. Mientras se escucha palear el hielo en grandes capazos, el sonido de las botas de goma sobre el pavimento siempre mojado, y las voces de los marineros y la sensación de estar en un lugar en el que todo es lo que parece.

Si se quiere comprar el pescado que se acaba de ver (y es imposible no querer, os lo garantizamos) se puede hacer en la pescadería que la propia cofradía tiene en el exterior del pósito.

La visita a la lonja puede continuar después en el resto de instalaciones del pequeño puerto, por la escollera o, ya fuera de las instalaciones, por el paseo  marítimo que transcurre frente a la playa de la Grava y continúa hasta la calle peatonal de Marina Española y la playa del Montañar.