TRADICIÓN MARINERA EN LA MARINA ALTA

El mar no es solo una factoría turística. Fuera de los meses de verano sigue existiendo, y su presencia condiciona e influye hasta en el último detalle de la vida de nuestros pueblos de costa. Cada día, las barcas de las cofradías de Dénia, Xàbia o Calp salen a faenar en la franja de mar que separa el cabo de Sant Antoni de las Baleares. En esas 50 millas habita el pescado y el marisco que después se servirá en la casas y los restaurantes, el que se expondrá, brillante y espléndido, en los mercados, el que una vez probado se recordará mucho tiempo.

Nuestro mar es generoso, y también los hombres y mujeres que lo trabajan desde los barcos, las lonjas, los mercados o las oficinas.

Entre todos ellos hacen posible que se mantenga un sector que es más que una fuente económica. Nuestros marineros conservan un mundo fascinante que sirve de vínculo entre generaciones y al mismo tiempo de puerta de integración para quienes vienen por primera vez.

Por eso, la experiencia más auténtica es la de ir cualquier tarde, sobre las 17.00, a esperar a los barcos. A pie de muelle veremos desembarcar las cajas con las capturas del día: la famosa gamba roja, u otros: lampuga, moixa,escorpa, jurel, corvina, gallineta, aguja, merluza, lecha, golfás, furó, pulpo, calamar, sepia… no importa. Con todo lo que venga prendido en las redes o en el palangre nuestra gente ha aprendido a través del tiempo a elaborar platos que servirían para justificar por sí solos cualquier esfuerzo.

Después, en el interior de las lonjas se puede asistir a la subasta del pescado. Normalmente compran mayoristas, restaurantes y la propia AMMA (alimentos del mar de la Marina Alta), una asociación de productores que vela por la buena distribución y el justo precio por las capturas.

Y qué mejor garantía puede haber que comprobar que el restaurante donde cenaremos esa noche acaba de comprar el pescado delante de nosotros.

Pero el mundo marinero no solo nos procura el pescado que comeremos o las recetas alrededor de las cuales nos podremos reconocer.

También es un lenguaje. Y una experiencia estética. Así, ha generado una literatura propia como la de Tono Fornes y Juan Gargallo en la imprescindible obra De mar estant. O leyendas populares que enraízan en el folclore mediterráneo compartido. O una intensa tradición pictórica que viene desde el siglo XIX y continúa en el XX y XXI atravesando diferentes estilos y registros.

Y para los amantes de la pericia manual y la artesanía los puertos y los barcos son lugares en los que se movilizan habilidades ancestrales que combinan lo bello con lo práctico: nudos, aparejos, maniobras, remiendos, artes diversas.

Venir a la Marina Alta y no entrar a conocer lo que nos ofrece nuestro mundo marinero es quedarse a medias. Hay que conocerlo. Aunque sea para no hacer nada. Aunque sea para ir, mirar y solamente sentir la felicidad de que siga existiendo.