AGAPITO MANZANAS – SANET I ELS NEGRALS

Alguacil, basurero, enterrador, corredor de algarrobas, pirotécnico, árbitro de fútbol sala (suya es la norma “si no cae no puede haber falta”), organizador de procesiones… y todo, multiplicado por cada pueblo de la Rectoria en el que simbolizaba la fuerza pública: Sanet i Negrals, Benimeli, Ràfol de Almunia y Tormos (Sagra tenía otra figura similar, Ximo el Manyo).

Eso es ser multidisciplinar y lo demás son tonterías.

Agapito era, además, el encargado de comunicar los bandos municipales. Con una trompetilla y su Mobillette recorría las calles con su “Es fa saber…” y la orden del señor alcalde. Tras su ininteligible alocución, varias cabezas de señoras aparecían tras las persianas y le preguntaban qué diantres había dicho. Y Agapito refunfuñaba, gritaba algo que empezaba por “Ottia” y se lo repetía una a una. Y ellas volvían a sus pucheros pensando que para eso no hacía falta tanto alboroto.

Y yo que era un nano me lo pasaba bomba con ese señor tan extraño al que le habían comprado un traje de policía con la esperanza de que un buen día pegara el estirón.

Vana esperanza, por cierto.

Agapito es un inmigrante castellano que escapaba de una España y cayó en una similar pero con naranjas. Esa España a la que algunos pretenden que volvamos donde el hambre se juntaba con las ganas de comer. Pero de forma literal.

Agapito llegó y al oír hablar valenciano en la estación de Carcaixent pensó que se había equivocado de tren y había llegado a Francia. Así estaba la cosa.

El destino lo trajo a Sanet i Negrals y le puso una gorra de policía y una porra que nunca usó.

Aquí echó raíces. Aquí encontró su tierra. Y aquí se convirtió en leyenda.

Agapito es el más grande. Forma parte de nuestra microhistoria con todo merecimiento. Y si hay algo más difícil de entender que sus bandos es cómo coño aún no tiene una calle con su nombre.

Calle Don Agapito Manzanas.

Ya tardan.

Alfred Pavía Mut