BARRANC DE L’INFERN

Concretamente, 6.873. No es que los hayamos contado uno a uno, pero éste parece ser el número exacto de escalones que, formando una gran cicatriz en el paisaje interior de la Marina Alta, tenemos que sobrepasar si queremos realizar la ruta del Barranc de L’Infern, en las montañas de la Vall de Laguar.Un recorrido considerado como la Catedral del Senderismo que cualquier aficionado a la montaña debe hacer por lo menos una vez en la vida.

La Vall de Laguar la componen Campell, Fleix y Benimaurell, tres pueblos cuya tranquilidad contrasta con el ajetreo que siglos atrás debió padecer este territorio al convertirse en el último suspiro de esperanza de la población árabe en la comarca. A este valle fue a refugiarse la población morisca huyendo de las fuerzas cristianas por allá principios del s. XVII. Y son esos interminables y abruptos escalones una prueba fiel del paso morisco por la montaña de Laguar, rica en vegetación gracias al paso del río Girona, donde vieron un lugar idóneo para esconderse y subsistir cultivando en esos campos tan fructíferos como de difícil acceso. A ellos, pues, les debemos en gran parte esta maravillosa ruta llena de historia y misterio.

Nuestra aventura comienza en la carretera entre Orba y Tormos, en la que nos adentraremos en una de las zonas más impresionantes de nuestra comarca: La Vall de Laguar. Una sucesión interminable de curvas y más curvas nos da la bienvenida al primer pueblo, Campell, metros después de haber pasado por el acceso a Fontilles, el famoso centro de leprosería de también obligada visita. Es en Fleix, la segunda localidad, donde debemos parar el coche cerca de la escuela municipal y prepararnos para la excursión.

Subiendo ya a pie hacia el tercer y último pueblo, Benimaurell, nos desvíamos a la derecha donde nos espera el lavadero de Fleix y la Font Grossa, inicio “oficial” de la ruta del Barranc de l´Infern. No tardaremos en sacar nuestra cámara para deleitarnos con las vistas del Barranc del Salt, pasando por el Forat (un agujero tallado en roca) hoy en día más accesible gracias a una pasarela de madera. Es a partir de aquí donde empieza el festival del escalón.

La primera gran bajada tiene como testigo directo el río Girona, cruzamos el barranco y volvemos a subir hasta llegar a les Juvees d’Enmig, lugar donde antiguamente se asentaban pequeñas casas utilizadas en tiempos de recolecta. Es un buen lugar para refrescarse en el Pou de la Juvea, poner los brazos en jarra y disfrutar del entorno. Ya tenemos en el bolsillo, o en la mochila, la primera parte de nuestro recorrido.

Alcanzar Les Juvees de Dalt es una excusa perfecta para hacer parada y desenfundar un merecido bocata. Para llegar hasta allí debemos emprender la segunda gran bajada, pasando por la Font de Reinós y por la zona de escalada del Barranc de l’Infern, muy frecuentada por los amantes del pico y la cuerda. Impresiona alzar la vista y ver un barranco que transmite respeto y admiración a partes iguales. Un barranco que pide hablarle de usted. Eso sí, el descenso es solo para valientes. Desde allí, dirección noroeste y siguiendo las marcas, llegamos por fin a nuestro siguiente objetivo, Les Juvees de Dalt, lugar con vistas privilegiadas entre restos de casitas llenas de historias.

La tercera bajada nos llevará hasta el Barranc dels Racons, en el Fondó dels Perets, un tramo donde los escalones (hace tiempo que hemos perdido la cuenta de cuántos llevamos) están mejor conservados.

La última gran subida nos llevará a la Font dels Olbis, junto al Camí dels Olivarets, en una zona de campos de labranza. Llevamos ya aproximadamente unos 10 km en nuestras piernas, no está nada mal. De ahí hasta Benimaurell ya no nos queda nada. Un dosis de agua fresquita en la fuente del pueblo precede a nuestra bajada por camino asfaltado de este tercer pueblo al “Poble d’Enmig”, Fleix.

Y ahora sí que sí. Os recomendamos que cojáis el coche, bajéis hasta Campell (el primer pueblo) y celebréis la consecución de la ruta en uno de los bares más antiguos y típicos de la comarca: el Tramusser, al lado de la iglesia. ¡Venga esa foto con el tercio de cerveza en primer plano, que os lo habéis ganado!

Pd. Si hacéis esta ruta en primavera, tenéis un plus añadido: el espectáculo de los cerezos en todo su esplendor.